lunes, 21 de noviembre de 2011

Fotos Estudio II: Flashes






Africa Imprescindible: Angèle Etoundi Essamba

Mujeres de África

Dame bastante tiempo
para encontrar el camino
el camino que lleve hacia ti
tú, manantial, raíz, madre tierra
tierra fértil, tierra prometida que encierra
infinitos misterios misterios del universo;
mujer negra, háblame más
y más de las lágrimas vertidas sola en el silencio
silencio dulce y amargo; háblame de las iras
iras ahogadas, sudores de rabia, cuéntame
tú, también llena de sonrisas y felicidad, tú, orgullosa
orgullosa de ser mujer de África. Madre coraje
coraje más y más a lo largo de tu recorrido
recorrido de mujer, esposa y madre
madre amor, montón de fuerza, exquisita belleza
belleza de la cual no podemos prescindir, amo tus movimientos
movimientos a través de los cuales te vuelves monumento
monumento de la tierra
déjame ser yo por ti
tú, no te vayas.

Angéle Etoundi Essamba

"Desvelos" es el título de la exposición de la fotógrafa africana Angèle Etoundi Essamba. En ella, pretende expresar la verdadera identidad de la mujer africana a través de los diferentes dogmas religiosos y viriles para las mujeres. Quiere mostrar el poder de la mujer africana.

Angèle Etoundi Essamba nació en Douala. Estudió en la Escuela Profesional de Fotografía de los Países Bajos. Sus fotografías han conseguido un gran reconocimiento mundial. A través de ellas, Angèle pretende mostrar la comunión, solidaridad e igualdad entre los hombres.

A través de sus instantáneas, quiere enseñar al mundo las costumbres y visiones reales de la mujer africana. En su cultura, el color negro se utiliza para actos festivos, mientras que el blanco es el color de luto. En el mundo occidental esto nos sorprenderá. Con ello, lo que pretende mostrarnos la artista africana son las diferencias culturales entre unos y otros.

Por otro lado, el velo es símbolo de elegancia y clase. Se trata de una especie de juego que llama al misterio y a la intriga.

Gracias a su gran colorido y composición, las fotografías se convierten en un arma fuerte que demuestra a la perfección el sentido de la mujer africana.

Con esta exposición, Angèle pretende expresar y mostrar al mundo la verdadera imagen de la mujer africana y borrar todos los estereotipos que se tienen de ella. Las caras expresivas y de gran empatía de las mujeres llevan al espectador a introducirse en la fotografía. Gracias a su trabajo, todas las personas que acudan a contemplar su exposición saldrán de ella con una visión mucho más moderna y actual de la sociedad femenina africana.


domingo, 16 de octubre de 2011

Las manos de la Amatxi

Texto de Asier Barandiarán

El 10 de junio de 1973 se celebró en Oiartzun (Guipúzcoa) un homenaje a un bertsolari. A este acto fue invitado Xalbador, el pastor de Urepel (Baja Navarra). Cuando le tocó su turno, se acercó con solemnidad al micrófono. Su figura mostraba a un hombre sereno y rebosante de confianza. Don Juan Mari Lekuona fue el encargado de comunicarle el tema sobre el que debía cantar de un modo improvisado: “Xalbador, éste es tu tema, las manos de la abuela, “amatxiren eskuak”. Tras unos segundos de concentración empezó a cantar con una melodía suave y nostálgica:

Aizu, amona, aspaldian zu etorri zinen mundura,
ta zure baitan ibili duzu zonbait-zonbait arrangura;
nik ikustean begi xorrotxez zuk duzun esku zimurra,
laster mundutik joanen zarela etorzen zeraut beldurra.

Escucha abuela,
hace ya mucho tiempo que viniste al mundo,
y en tu interior has pasado muchas preocupaciones.
Al contemplar con mi fina mirada esas queridas manos arrugadas,
me viene un temor de que pronto tendrás que dejar este mundo.

Los oyentes no esperaban esta salida. Mirando a Xalbador podrían asegurar que no es un ejercicio de erudición y rima el de éste buen pastor. En su cara parecía vislumbrarse una añoranza de esa “amatxi”. Xalbador, sin cambiar el gesto grave y profundo de su rostro, canta su segundo bertso:

Beste amatxi asko ikusi izan ditut han-hemenka,
Jainkoa, otoi, ez dadiela gaukoan eni mendeka:
zure eskuak ez bitza, otoi, behin betiko esteka,
semeatxiak hain maite baitu esku horien pereka.

He visto en todo el mundo a otras muchas “amatxis”,
Señor, por favor, que me perdonen hoy lo que digo,
que tus manos, “amatxi” mía, no se agarroten nunca,
pues éste tu nieto tanto ama las caricias de esas manos arrugadas.

Cuando los oyentes todavía no se habían repuesto de la emoción, Xalbador lanzó al aire su tercer bertso:

Ene amatxik mundu guzian ba ote zuen berdinik?
Dudatzen nago hardu dukeen nehoiz atseginik;
orai eskuak ximurtu zaizko zainak hor dazura urdinik,
eta ez dago arritzekoa horrenbeste lan eginik.

Mi “amatxi” en todo el mundo ¿acaso tendría una igual?
estoy dudando de que alguna vez hubiese tomado un descanso,
ahora se le han envejecido las manos,
y sus venas azules las tiene ahí a la vista,
no es de extrañar... ¡tanta labor han hecho.

Xalbador con esa mirada suya perdida en el horizonte está viendo a su abuela trabajando, hilando la lana, cuidando la olla en el fuego, meciendo la cuna de su nieto, desgranando las mazorcas de maíz o las cuentas del rosario. Una abuela, con unas manos arrugadas, que fue la memoria de esa comunidad familiar.